Recuerdo de un Bosque
Era invierno, eran unas vacaciones de invierno y se me ocurrió acompañar a mi padre a trabajar, el era técnico forestal, yo fui su ayudante.
La pega era fácil, había que tomar muestras y medir, a distintas alturas los árboles cosechados, o debería decir caídos. Llovía, o mas bien la naturaleza se defendía… el olor a bosque, a bosque mojado, a barro, a tierra bien mojada, la sensación fangosa bajo los pies, el camino resbaladizo, el olor a bencina, a humedad de jeep, de esa que se guarda en un jeep bien trabajado, con mezclas de tierras de distintos lados. Bajarse a un lugar a trabajar a tomar medidas de árboles caídos, sentir el olor a madera recién cortada, harta madera recién cortada, el olor a pino, la sensación del metal en mi mano, de la corteza al rato, del barro al siguiente, del agua cayendo y mojándolo todo, del clásico traje de agua amarillo.
Ocupado en mis tareas, en algún momento disfruté estar ahí, mojándome, disfruté, y en un momento de pausa, miré alrededor, y para contemplar, entonces escuche, como los árboles que estaban en píe lloraban, mientras del cielo el agua caía a raudales, se escuchaban motosierras a lo lejos, los trabajadores merodeaban afinado detalles, cortando ramas, dejando los troncos pelados… y a lo lejos los árboles en píe, zumbaban… se mecían de un lado a otro, llorando por sus amigos, familiares, compañeros… de pronto me sentí en una guerra, como parte de quien ayuda a sacar las estadísticas para ver
por cuantos muertos vamos ganando. Después, como para sentirme ajeno a eso, pensé en otra cosa, que tal vez estaban cantando…. Pero creo que era sólo para disminuir mi culpa y dolor.
Recuerdo claramente la lluvia cayendo, el frío en las manos, la aspereza del barro, el suelo resbaladizo… el olor a madera, a pino, a barro, a bencina… escuchar el viento, las motosierras, los cortes de hacha, los camiones a lo lejos, el azote de un árbol contra el cerro… y ver los árboles caer, ver balancearse los árboles a lo lejos, el verde, el amarillo de los trajes, el barro del cerro… los árboles moviéndose a lo lejos…


5 Esto es lo dicho:
Cosechando árboles es muy fuerte, nunca lo había escuchado.
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Ricardo Torres Hormazábal "el buscarethos", a las 3:49 p. m.
Me transportaste a los tiempos en que me enojaba con mi padre cuando desde su oficina sacaba celulosa de pinos y eucaliptus. A los tiempos en que mi nickname era Capitán Planeta. Al final yo llegué primero donde vos. Espero!!!
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IrmaCarolina, a las 2:29 p. m.
Que melancólico tu texto, pude sentir lo que transmitías, pues de alguna u otra forma yo también lo he sentido.
Saludos.
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AngeLito, a las 12:35 p. m.
mmmm....
... es una sensacion parecida a la mia: Mi papa es cazador.
Saludos
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neuma, a las 6:53 p. m.
Que duro esto de sentirse parte de una guerra. Mientras lo leía, tuve la misma imagen de contar muertos. Una vez una muy bella persona me dijo que quería reencarnarse en un árbol... creo que este tipo de experiencias podrían hacerla reconsiderar la opción.
Lo lindo es el recuerdo de pasar un rato con tu viejo, porque compartir el llanto de los árboles es una experiencia muy íntima, digna de un romance o de una gran amistad o de un recuerdo masculino, muy masculino, entre padre e hijo.
Guen blog cabro.
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Andrés Cea, a las 6:08 p. m.
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